En la etapa de 3 a 6 años, los niños comienzan a descubrir el mundo que les rodea y a relacionarse con otras personas. Por ello, es un momento clave para fomentar valores como la diversidad y el respeto. A estas edades, el aprendizaje no se basa en definiciones abstractas, sino en experiencias vividas por los niños que despierten sus emociones.
Aunque hay recursos específicos para trabajar estos dos valores (cuentos, juegos, diferentes actividades creativas,…) es importante hacer hincapié en el día a día. Establecer normas sencillas de convivencia, como compartir, respetar turnos o no hacer daño, ayuda a crear un ambiente seguro y respetuoso.

Cuando surge un conflicto entre dos niños, se les acompaña en la reflexión y en la búsqueda de una solución positiva. Aunque seamos diferentes, podemos entendernos y jugar o trabajar juntos. Asimismo, es importante utilizar un lenguaje claro y sencillo, con expresiones como “tratamos bien a todos” o “todos somos diferentes”.
Uno de los recursos que hemos citado es el cuento, una herramienta muy eficaz. Buscamos historias que despierten el interés de los niños y que, a través de ellas, permitan identificar las diferentes emociones que transmiten los personajes.
Tras la lectura, realizamos una puesta en común en la que se plantean preguntas como: ¿En qué era diferente el personaje?, ¿eso era bueno o malo?, ¿cómo crees que se siente?, ¿te gustaría que te hicieran eso? De este modo, los niños aprenden a identificar sus propias emociones y las de los demás, favoreciendo el desarrollo de la empatía y la aceptación de los otros.
Otro factor importante que favorece la convivencia son las actividades en grupo, como los dibujos y los trabajos cooperativos. A través de ellas, los niños comprenden que todos son importantes, ya que cada uno, desde su creatividad, aporta su “grano de arena” para conseguir un buen resultado común. En I4, por ejemplo, se trabaja un proyecto sobre los diferentes continentes, haciendo hincapié en la diversidad presente en cada uno de ellos. Este proyecto lleva por título: “Todos somos iguales y todos somos diferentes”, reforzando así estos valores.


No podemos olvidar el juego, que constituye el principal medio de aprendizaje en estas edades, especialmente en I3. Actividades como los juegos de roles, dinámicas en las que cada niño comparte algo sobre sí mismo o propuestas grupales como construcciones y puzles, permiten trabajar la aceptación, la cooperación y el valor del grupo de forma natural.
Asimismo, el recreo o juego libre también tiene un papel fundamental. En este espacio, respetando la libertad de elección de cada niño o niña, se busca favorecer la inclusión y evitar que alguien se sienta excluido, promoviendo relaciones basadas en el respeto y la convivencia positiva.
En definitiva, el objetivo es que los niños perciban la diversidad como algo natural, y no como algo extraño. Es fundamental que comprendan que todas las personas somos igual de importantes, respetando siempre la individualidad y las características propias de cada uno.

