El aprendizaje de la lectoescritura es un proceso fundamental en el desarrollo de nuestros alumnos de Educación Infantil, ya que sienta las bases para futuras habilidades académicas.
En este ámbito de la educación se habla mucho de diferentes términos como conciencia fonlógica, métodos, sonidos, fonemas, comprensión lectora, vocabulario, codificación/descodificación…
Todos ellos son ciertamente importantes y los trabajamos en nuestras aulas, diariamente, desde i3, pero, además, lo que verdaderamente tenemos presente el profesorado de vuestros hijos es la fortaleza emocional que ha de tener cada alumno para hacer frente a este importante proceso.
Ofrecer situaciones lúdicas a través de cuentos, canciones y juegos, dinamizar situaciones reales donde el aprendizaje sea significativo para ellos… resulta clave para que los alumnos se sientan emocionalmente fuertes, seguros y a la vez relajados.


El juego es una herramienta natural en la infancia que nos permite que los niños exploren, descubran y vayan construyendo su propio conocimiento de manera espontánea y a su propio ritmo. Cuando lo integramos en el proceso de la lectoescritura, se fomenta un clima positivo donde aceptan sin angustia el error y se fomenta la autoestima.
Cuando se juega, se aumenta el interés y la disposición por aprender, por lo que es más fácil mantenerse atento y concentrado.
El componente emocional en este aprendizaje es crucial. Iniciar cada una de las actividades de manera atractiva para ellos y hacerles partícipes de esa actividad, teniendo en cuenta todos los ritmos del aula, es el arte educativo que tenemos que ofrecer en nuestro día a día.
El proceso de la lectoescritura tiene un recorrido largo desde i3 hasta el segundo curso de primaria.
En i3 empiezan a trabajar la escucha activa a través de cuentos y canciones. En i4 ya distinguen los trazos de diferentes fonemas a la vez que descubren y viven el significado de la rima.
Y en i5, como ya han adquirido unas habilidades previas, están preparados para iniciarse en el mundo de las letras.

Gran parte de este proceso lo hacemos alrededor de un cuento común, fonema a fonema. Cada alumno aporta un capítulo nuevo trabajado en casa. De esta manera involucramos a la familia y el niño experimenta que el aprendizaje no solo se realiza en el aula. Sentir a sus padres como parte de su aprendizaje es un impacto positivo y motivador. Su esfuerzo es valorado, vive la colaboración y el diálogo familiar. Después, toda esa experiencia la aporta a sus compañeros desarrollando sus habilidades comunicativas.
Así, semana a semana, van aprendiendo juntos, fomentando un amor por la lectura y la escritura que perdurará a lo largo de su vida.
Cada uno a su ritmo, pero todos sintiéndose seguros y motivados. Importante que noten sus avances a la vez que vayan conociendo sus dificultades.
Si hacemos que se enfrenten a la lectoescritura con confianza y entusiasmo, desarrollarán una actitud positiva que les ayudará en el propio aprendizaje. Si les falta apoyo emocional, generarán frustración, rechazando estas nuevas habilidades.
Como docentes hemos de establecer un vínculo afectivo reforzando los logros, reconociendo el esfuerzo, acompañando en el error y respetando los ritmos. En definitiva, comprendiendo a cada alumno de manera individual para que cada uno pueda experimentar la lectoescritura de manera serena, lúdica y placentera.